Asesoria & Asesores Fiscales

Si, ya lo sé, los impuestos se pagan por obligación. Pero no hay duda de que la imposición no es el método más adecuado para convencer a los ciudadanos en un Estado sumido en una profunda crisis de legitimidad moral de sus gobernantes; crisis, sea cual sea su ideología, por no ser capaces de evitar el chapapote corrupto que se extiende cada día más.

Desde las tarjetas black de Bankia a la corrupción más variopinta, sin olvidar los supuestos de blanqueo de capitales y el goteo de los de delito fiscal; supuestos en los que se hallan inmersos políticos de todo signo, funcionarios, empresarios y profesionales; algunos, admirados en su día; otros, con reconocimiento social o económico.

Y todo, además, en un país con una justicia lenta y con la seguridad jurídica y el derecho en estado terminal. En este contexto se pretende convencer a los ciudadanos, o mejor, a la clase media de verdad, que con la reforma fiscal pagaremos menos impuestos. Pero ya no es suficiente. Los ciudadanos están hartos, hartos de que siempre paguen los mismos, hartos de los fallos más elementales en el control administrativo, hartos de que Hacienda seamos cada vez menos, hartos de la asfixia impositiva que padecemos, hartos, sin casi referentes, desilusionados y con el convencimiento de que se ha llegado ya al límite. Buena prueba de ello es que si no existiera el férreo control fiscal que hoy tenemos, aunque con evidentes fallos, el fraude sería hoy generalizado.

Y si estoy en lo cierto, la solución no es endurecer la norma, elevar a rango de sagrado principio la recaudación o mermar los derechos y garantías de los ciudadanos. Eso es, sin más, miopía. Y aguda. La solución es ahondar en el porqué, que no es otro que la profunda crisis de principios, ética y valores que padecemos. Pagar impuestos es una obligación; pero una obligación íntimamente vinculada a un comportamiento ético que hay que inculcar desde la familia y desde el sistema educativo. Desde la convivencia diaria. Predicando con el ejemplo. Con compromiso y sacrificio. Pero lo cierto es que vivimos en una sociedad en la que los impuestos son para que los pague otro.

Y por eso, la reforma fiscal es insuficiente. Y lo es porque no responde a un proyecto de futuro cuyo sustrato sea una sociedad más justa. A una nueva cultura. No es una pieza más de un conjunto uniforme de reformas que respondan a un nuevo proyecto de sociedad. Es, una vez más, el parcheo, y la utilización de los impuestos para incentivar culturas, como la del ahorro, que son más bien propias de los valores en los que la sociedad se ha de asentar. Es una reforma que ignora que el problema radica en un sistema educativo carente de principios, ética y valores, imprescindibles en toda reforma que aspire a construir una nueva sociedad. Si así lo hacemos, pagaremos impuestos por obligación pero también por convicción, ética y moral. Ese es el reto.

Antonio Durán-Sindreu
Socio Director
Profesor de la UPF

Artículo publicado en La Vanguardia, 28 de octubre 2013

Categoria

Fiscalidad general