Menos cambios estructurales y más foco en control, digitalización y planificación
El ejercicio 2026 se presenta como un año de ajuste fiscal para pymes y personas autónomas. No se trata de una gran reforma del sistema tributario, pero sí de un conjunto de medidas que combinan reducciones selectivas de carga fiscal, incentivos a la inversión y un refuerzo claro de la trazabilidad y el control por parte de la Administración.
A continuación, repasamos los principales aspectos que conviene tener en cuenta para planificar correctamente el año.
La principal novedad en el Impuesto sobre Sociedades afecta a las entidades de reducida dimensión, es decir, aquellas con una cifra de negocios inferior a 10 millones de euros.
A partir de 2026, estas empresas tributarán al 23 %, frente al 25 % que se mantiene para grandes compañías. Además, se consolida una senda de reducción progresiva que continuará en ejercicios posteriores.
En el caso de las microempresas (facturación inferior a 1 millón de euros), se aplica un esquema aún más favorable:
En términos prácticos, este cambio implica:
Las empresas de nueva creación mantienen el tipo reducido del 15 % durante los dos primeros ejercicios con base imponible positiva.
Hasta finales de 2026 se prorrogan diversos incentivos vinculados a la transición energética y a la inversión productiva, que pueden resultar especialmente interesantes para pymes.
Entre los más destacados:
Estas medidas pueden ser estratégicas para empresas que estén valorando renovar flotas, reducir consumos energéticos o anticipar inversiones previstas.
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